Sentencia de muerte a un Atos

Nota: esta historia se debe leer escuchando la canción que al final viene anexada.

Hoy salí de mi casa al cinco para las seis, el circuito interior despejado. Solo éramos él, un pequeño y viejo iPod y yo. Salida a Reforma. Antes de entrar a esa mítica avenida aprovecho el alto, prendo un cigarro y pongo una canción que esa misma mañana había descargado (Baba O’Riley). Reforma casi vacío, todos los semáforos en verde y mi pequeño Atos se sentía más libre que nunca. El pequeño comienza a hacer de las suyas, corre hasta 110 km/h haciendo mofa de los señalamientos que marcan como límite 60 km/h. Rebasa a un Chevy rojo, luego a una camioneta y así se sigue hasta la fuente de petróleos. El viento golpea mi cara, mientras tanto yo fumo aquel cigarrillo y disfruto ese piano mágico de the Who. Yo me siento tan libre como el viento y mi coche se funde con el entorno. Este ha sido el primer momento en el que en verdad (y desde el fondo de mi alma) aprecie como es debido a este Atos amarillo, a este amigo que me ha dado más del lo que yo a él le podre dar.

Continua por periférico, la situación no cambia. Sigue en su carrera desenfrenada contra el tiempo, está completamente decidido a batir su record. Corre a 120 km/h. Solo baja su velocidad cuando se acerca a un enorme camión, se topa con una muy respetable pero horripilante curva, ve de frente a una cámara del periférico o cuando alguna mamá-van o alguna tortuga se ha apoderado del carril haciendo que nosotros, los psicópatas al volante, busquemos rebasarlos con maniobras dignas de un corredor de fórmula uno.

140 km/h, comienza a bajar la velocidad hasta 95 km/h, una cámara en el segundo piso del periférico. Él sigue, yo sigo, la vida sigue. Siempre me quejé de la potencia de su motor, que juraría no es más grande que una caja de zapatos del número cinco. Hoy no me quejaré, hoy amo a este Atos. Cuando me baje le daré un beso y un abrazo, se lo ha ganado, aunque seguramente por una u otra razón se me olvidará y se los tendré que dar más tarde.

Mi pobre Atos sabe lo que le espera, terminaran sus días como corredor urbano de fórmula uno. Sabe que dejará de ser mío, que dejará de fundirse con el entorno y dejará de mofarse de los señalamientos con absurdos, según él y yo, límites de velocidad. Ayer recibió su sentencia de muerte. Un año cuando mucho y la sentencia se cumplirá. Será cambiado cual un vil objeto por un  modelo nuevo y de gigantesco motor. No más Atos, será un Avenger que en su inicial guardará el recuerdo de mi primer coche. Aquel coche nuevo ocupará ese cajón, del estacionamiento de la facultad, que celosamente acaparó mi amigo del alma con su inconfundible color amarillo.

Creo que él me comienza a extrañar, recuerda junto conmigo esos momentos que hemos vivido juntos. Trata de omitir todas esas veces que le cayó ceniza de cigarro. Ríe de la vez que le ganamos a un taxista y resultó ser un psicópata que nos persiguió por unos cuantos kilómetros hasta que hábilmente lo perdimos en una salida del circuito. Agradece la vez que lo hice darle un besote a un sensual Yaris gris y la vez que le arrimó las nalguitas a aquel fogoso Stratus rojo. Recuerda con añoro todas las veces que perdimos jugando carreritas contra el Derby de Diego, ni una sola vez le ganamos. Recuerda, ríe y llora. Será difícil para los dos el último adiós.

Ya no nos acompañará a desayunar con los amigos al centro de Tlalpan ni a Coyoacan. Juntos conocimos por primera vez esa plaza al sur de Insurgentes, la preparatoria número seis, el ITAM y la ruta para llegar a casa de varios amigos. Ya no me hará compañía cuando me pierda y al perdernos ya no podrá emocionarse junto conmigo al ver un letrero con el nombre de alguna avenida que conocemos y que sabemos que nos llevará a casa. Me llevó y me trajó de incontables lugares. Corrimos juntos, vivimos juntos.

Esta es una despedida muy anticipada, pero gracias a ella, hoy amo más que nunca a mi chicken mobile. Llegamos a la ciudad universitaria, baja de 90 km/h a 20 km/h y toma la curva para rodear al estadio. Veinte minutos desde el aeropuerto. ¡Batió su record con cinco minutos de diferencia! Estoy orgulloso del pequeño. Estoy  orgulloso de mi pequeño gran amigo.

Iván D. Vázquez A.

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~ por Ivan D. Vázquez A. en 3 junio 2009.

2 comentarios to “Sentencia de muerte a un Atos”

  1. Limoncirri.. es mi obligacion serte honesta.. creo que ya te has dado cuenta k mentir no es lo mio..

    Me gusta, si.. pero algo no me convence.. ekis, tampoko es k mi palabra sea ley.. solo es opinion, ok?

    Me gusta k te detengas en detalles “sin importancia” pero k dan mucho color, me gusta hacer enfasis en lo k los demas no notan.. de eso soy fan.

    Pero por el otro lado, no es malo, solo no es mi hit, llegar a algo tan dramatiko.. no lo se.. kiza tenga k ver kon mi personalidad o mi propio estilo de escriutra, k espero tu tmb te sientas kon la libertas de critikar, por k el feedback se agradece… Sólo es eso.. creo que llegaste un poko al o cursi y sobrecargado.. pero ekis! besos!

  2. WOw!! Traicionero!

    Jajaja NTC! Todos extrañaremos a ese Atos, q si bien es cierto q casi no no subiste a el, lo pokos recuerdos permaneceran en nosotros!!

    Se bueno y tratalo bn :D XD

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